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“El feminismo es un impertinente. Es muy fácil hacer la prueba. Basta con mencionarlo. Se dice feminismo y cual palabra mágica, inmediatamente, nuestros interlocutores tuercen el gesto, muestran desagrado, se ponen a la defensiva o, directamente comienza la refriega.”
En ese sentido es que la fotografía de Laura Zurbriggen es un modo más de acceder a esa mirada y de compartirla. Fotografiar es para ella testimoniar –en su doble carácter de artífice y testigo- la acción política vinculada estrechamente con su manera de estar en el mundo: el feminismo. Feminismo que circula en las calles, que ocupa el espacio público, que construye poder desde sus mismas prácticas. Fotografiar, además, para dar cuenta de que se asumen otras luchas, no sólo aquellas que denuncian y visibilizan la opresión ejercida hacia las mujeres, sino también hacia otros colectivos subsumidos bajo la categoría de excluidos. Existe, además, una necesidad en la mirada de Laura de exponer –y de exponerse- a otras miradas sobre la realidad y a otras maneras de estar en el mundo, que enlaza con la posibilidad de construcción dialéctica de esa realidad. Aun más, hay sobre todo, un profundo respeto por lxs otrxs: esa mirada está lejos de ser pasiva o neutral (como si de una espectadora desprevenida y pretendidamente objetiva se tratara) pero no por ello es invasiva. Es, en síntesis, una mirada compartida. Por ello su trabajo fotográfico documental es inherentemente político.
La temática: Acciones en las calles de Neuquen.
Las tres series fotográficas elegidas por la artista tienen como eje central acciones callejeras realizadas por grupos de feministas, en el marco del XXIII Encuentro Nacional de Mujeres realizado en la ciudad de Neuquen en el mes de agosto del año 2008.A través de estas tres series de fotografías no sólo podemos atisbar su propio compromiso político, sino también conocer algunas de las prácticas políticas que asumen mujeres y feministas organizadas y que participan de los Encuentros imprimiéndoles sus propias visiones y maneras de concebir lo político. Marchas, pegatinas y graffitis son muestras de algunas de esas prácticas que denuncian al poder que oprime, que normaliza y que castiga material y simbólicamente aquello que está por fuera de esa norma, construida bajo las premisas del patriarcado.
Activismo Feminista.
Tanto las fotografías como los textos que las acompañan, son trabajos pensados y construidos desde nuestra práctica política feminista. Por ello es oportuno comentar nuestra pertenencia al colectivo las histériqas, las mufas y las otras, grupo de activismo feminista en la ciudad de Córdoba, que se caracteriza por la apropiación del espacio público como ámbito para expresar y manifestar nuestras luchas cotidianas. La calle es por lo tanto el espacio en el cual nos situamos para hacer visibles nuestras demandas. La “calle” como símbolo de lo público y como lugar necesariamente posibilitador de encuentros y rebeldías.
Fotografías: Laura Zurbriggen.
Textos: Dahiana Belfiori.
Fotografiar: Una mirada política.
Fotografías: Laura Zurbriggen.
Presentación y poemas: Dahiana Belfiori.
Colectiva Feminista Anticapitalista las histeriqas, las mufas y las otras
“El feminismo es un impertinente. Es muy fácil hacer la prueba. Basta con mencionarlo. Se dice feminismo y cual palabra mágica, inmediatamente, nuestros interlocutores tuercen el gesto, muestran desagrado, se ponen a la defensiva o, directamente comienza la refriega.” (VARELA, Nuria. “Feminismo para principiantes”, Ediciones B, 2005, p 13.)
Este feminismo, el que es impertinente, el que se construye desde la rebeldía de lo cotidiano, el que pone “patas para arriba” todo el orden establecido es el que practicamos y al cual adherimos, desde la mirada personal y desde la praxis colectiva. No es de extrañar, entonces, que sólo al nombrar la palabra feminismo se sucedan toda esa serie de “respuestas” que tan bien señala Nuria Varela. Es que subvertir lo dado, lo establecido, cuestionar las bases mismas de la cultura tiene sus riesgos. Desde esa mirada y desde esa praxis es que nos sumamos a la propuesta de compartir lo vivido. Sabiendo que estamos involucradxs y comprometidxs en hacer político lo personal. Mirada cuestionadora, cargada de subjetividad y de múltiples identidades que conformamos, que no sólo ejercemos para el afuera, sino que nos interpela fundamentalmente a nosotrxs mismxs. Y que asimismo, intenta manifestar la equívoca construcción simbólica del significado de la práctica política feminista y –por qué no decirlo- de las mismas feministas, como personajes en quienes se encarna un odio ancestral hacia los varones y, en consecuencia, hacia todo el mundo masculino.
En ese sentido es entendemos que la fotografía es un modo más de acceder a esa mirada y de compartirla. Fotografiar es testimoniar –en el doble carácter de artífice y testigo- la acción política vinculada estrechamente con nuestra manera de estar en el mundo: el feminismo. Feminismo que circula en las calles, que ocupa el espacio público, que construye poder desde sus mismas prácticas. Fotografiar, además, para dar cuenta de que se asumen otras luchas, no sólo aquellas que denuncian y visibilizan la opresión ejercida hacia las mujeres, sino también hacia otros colectivos subsumidos bajo la categoría de excluidos. Es, además, la posibilidad de exponer –y de exponerse- a otras miradas sobre la realidad y a otras maneras de estar en el mundo, que enlaza con la posibilidad de construcción dialéctica de esa realidad.
La temática: Acciones en las calles de Neuquén.
Las tres series fotográficas elegidas tienen como eje central acciones callejeras realizadas por grupos de feministas, en el marco del XXIII Encuentro Nacional de Mujeres realizado en la ciudad de Neuquén en el mes de agosto del año 2008.
A través de estas series de fotografías podemos conocer algunas de las prácticas políticas que asumen mujeres y feministas organizadas y que participan de los Encuentros imprimiéndoles sus propias visiones y maneras de concebir lo político. Marchas, pegatinas y graffitis son muestras de algunas de esas prácticas que denuncian al poder que oprime, que normaliza y que castiga material y simbólicamente aquello que está por fuera de esa norma, construida bajo las premisas del patriarcado.
En el medio un ardor
que sube que me sube que me quiere gritar con las venas, las mías, las que silenciarona través
por.
¿De qué fuerza milenaria me hablan?
Rompo, escupo, pego
y las manos no me duelen, y la boca se hace carne viva de delirios para el mundo.
Somos otras, nos sumamos.
No importa el frío, no me congela la sangre derramada.
Mi cuerpo es mío, y no sólo.
Mi cuerpo se adhiere al muro, se aplana, se colorea. Ya verde, ya violeta.
Los cuerpos se entrelazan se hacen papel se hacen denuncia.
Pero
no me quitan la alegría,
se queda, se comparte.
.
Ya no.
Se dónde.
Basta de.
Mi vida.
¿Qué espera la ciudad del sur, qué espera?
¿Qué ve la ciudad del sur? ¿Qué la espanta?
Devora vidas en casas de Orfeo.
La ciudad las oculta. Las ordena, las clasifica.
Las vidas saben
que ya no.
Que basta de.
Que nuestras vidas.
Que sabemos dónde.
A nosotras no, a ellas no.
El clítoris se nos da como pensamiento liberador
como síntesis de lo oculto inocultable.
Y te lo muestro, porque tengo ganas.
No estoy sola. Disidente del deseo normalizado, del cuerpo alienado y alienante. Sacudo las estructuras con mi sola presencia. Acuño la lógica del sin sentido, adhiero a las formas de toda revuelta sumergida en la calle, venida de la fuerza creadora de los cuerpos anudados sin nudos visibles o imaginarios ni cárceles intelectuales. No estoy sola. El sentido del sin sentido es el camino que elijo cuando intentan el insulto, la ignorancia, la ceguera. Soy un cuerpo que habla, soy muchos cuerpos que gritan... ...el poder se hace carne en la figura de un hombre. Hombre que expresa sin pudores su homo-lesbofobia internalizada. Un solo hombre capaz de herir con la bala de la impunidad esos otros cuerpos que le son ajenos. Sin embargo desea castigarlos, amarrarlos, controlarlos. El deseo de la normalidad, de la regla, del único casillero blanco dentro de un tapiz infinitamente colorido. De casillero blanco que quiere acorralar al negro. Varón, blanco, heterosexual, garantía de familia, de orden, de progreso. Blanco que no quiere ver negro. Ese negro que ocupa y que revela que la oscuridad es visible. Que se puede ver en la más absoluta oscuridad, que hay lucidez, que hay deseos que no se someten y libertades que se ejercen. Varón ciego de blancura. Hipócrita que juzga y que acusa para el afuera legalizado, que él no pertenece al mundo de la oscuridad caótica. Pero usa y abusa de esos cuerpos sumergidos en ella. Hipócrita que condena lo que no es susceptible de explicación lógica, de cuadro estandarizado colgado en museos de la memoria. |
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